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Por el contrario a lo que le ha pasado a muchos, ser actriz destrozó mi ego. Comenzar el proceso de estudiar actuación, me abrió la posibilidad de poder conocerme y reconocer conductas, sensaciones, sentimientos, pensamientos, y los mil etc. que pueden surgir en esto. Y vivir experiencias de maltrato, de rechazo, discriminación, en cantidad de casting y casting habido y por haber. Y ya dentro de algunas producciones también, el famoso derecho de piso y competencia desmedida que se ve en esos lugares plagados de inseguridades, egos, celosías etc.etc.

Como bien hemos dicho en varias ocasiones, son procesos dolorosos. Pero tan esclarecedores.

No fue fácil aceptar la toxicidad que contenía lo que había aprehendido en mi entorno familiar y social en distintos contextos.

El proceso de hacer consciente lo inconsciente. En actuación es imprescindible estudiar la conducta humana, ser observador y apropiarse de ese conocimiento, para luego vivenciar, respirar, ser un nuevo ser. Y es aún más difícil cuando uno todavía es muy joven y no tiene tantas experiencias vividas, como para prestarlas al personaje y/o comprender por qué lado ir para buscar y/o crear a un nuevo personaje. Por esto es que uno explora por muchos lugares, por la psicología, la literatura, la medicina, la espiritualidad, la metafísica, la historia misma, el juego y tantas otras dependiendo la naturaleza del personaje y las características que debe tener.

Ahora bien, ser actriz, muchas veces me puso en lugares con los que no me sentí nada cómoda (y de eso se trataba). Ser actriz en una sociedad que me enfrentaba no solo a mi propia ignorancia y miserias, sino a la ignorancia de personas que me preguntaban, entre otras cosas ¿cuándo te vas a buscar un trabajo de verdad? Y que no podían comprender que mi trabajo era en apariencia entretener, pero en realidad siempre fue interpelarnos, enfrentarnos a nuestra propia vida y a nuestra verdad, desde el lugar que se eligiera. Podía ser desde la risa o el llanto o ninguna de ellas.

Por otro lado, otra incomodidad, era tener que explicar durante mucho tiempo, que la que estaba arriba del escenario, en apariencia, era yo, pero en realidad, no era yo. Solo era mi cuerpo que se prestaba para ser otro. Mientras que, en la vida real, tuve y tengo que trabajar mucho en esto, porque más de unas cuantas veces, me han dicho “pero vos sos actriz, ¿cómo sé que ahora no estás actuando?” como si la actuación se convirtiera en la causante del desarrollo crónico de patologías perversas. Te hace conocerlas, pero no por eso hacerlas parte de tu cotidianeidad. Ojo, he conocido gente que utilizaba esta herramienta para fines que no van con mi pretensión de ser una humana sana. Así que comprendo estas cuestiones y las dudas que puede acarrear.

Esta es una herramienta tan esclarecedora como oscura y peligrosa si uno no sabe qué camino tomar. Y digo que no sabe, porque si no estás suficientemente despierto, te lleva como una ola en el mar y no te das cuenta. También es importante saber dónde vas a ir a aprender esta herramienta, porque más de un educador de esta materia, ha sido responsable de arruinar a más de una cabeza. Trabajar con las emociones de las personas no es joda, podes mejorar la vida de alguien o arruinarla para siempre si no lo haces con la responsabilidad necesaria desde un lugar de sabiduría y cuidado permanente.

Yo intento no actuar en la vida real desde que hice y sigo haciendo consciente lo inconsciente. Porque todos actuamos o lo hemos hecho en algún momento de la vida. Algunos nos hemos dado cuenta de ello y decidimos dejar de hacerlo. Otros aún no lo saben. Otros lo saben y eligen usar la herramienta hayan estudiado actuación o no.

Ya no necesito mostrar quien no soy para que me acepten o no, ni esconderme de nada. Ya me siento bien conmigo misma como para ser libre de ser quien soy. Ya tengo la confianza suficiente para saber que soy un ser tan importante y valioso como el resto, aunque diferente, y eso me hace más interesante para mí misma y a veces, para otros. Ya aprendí a convivir con mis defectos, los acepto, aunque me pelee con ellos, me acepto en mis imperfecciones y ¡qué bueno que siempre va a haber laburo por hacer!, hay cosas que sigo puliendo, hay otras que me cuestan más, hay cosas que en la soledad se complica poder visualizar. Por eso son tan importantes los vínculos.

A los 19 años mi orgullo y mi ego aún tenían el tamaño del Everest, si bien, ya había comenzado a derribarlo en algunas ocasiones, como la que te conté en mi adolescencia, aún me quedaba un largo camino de aprendizaje y muchas paredes que comer.

Pero hoy, para mí esto es muy importante, es decir, el hecho de permitirme ser una persona real, porque, en primer lugar, no se puede mantener un personaje por mucho tiempo. Es antinatural. Y esto se nota. Las reacciones antinaturales que tiene la gente, yo las puedo percibir, aunque a veces, me pesa mucho verlas, a veces me dolían porque antes no podía comprender su naturaleza, ahora sí. Cada uno hace lo que puede, consciente o no, porque eso también es una elección y se respeta.

Una vez me tocó analizar una escena en mi clase de dirección de actores. La escena era la siguiente.

En el pasillo están conversando una “chica1” y un chico. La chica1 está de espaldas a una escalera, el chico parado frente a ella. De pronto desde donde está la escalera se acerca otra “chica 2”, que, al verlos, se dirige a saludarlos.

El chico ve a la chica 2 e inmediatamente vuelve a mirar a la chica 1 mientras la chica2  camina hacia ellos.

La chica 2 saluda a la chica 1 y al chico, mientras la chica 1 hace un comentario de haberla extrañado la vez anterior que la chica 1 no pudo asistir a la reunión y se genera una cortita conversación a partir de eso. Mientras la chica 1 habla, la chica 2 saluda al chico y camina por detrás de él para colocarse del otro lado y quedar parada entre los dos como en una pequeña ronda.

El chico en ningún momento deja de mirar a la chica 1, quien está mirando a la chica 2 mientras habla. Él está atento a lo que dice la chica 1, pero con una postura absolutamente rígida.

En ningún momento de la pequeña conversación, él mira a la chica 2, aun cuando la chica 1 se dirige hacia la chica 2 y la conversación es sobre ella.

Yo podía visualizar claramente un conflicto, una tensión. Lo que primero llamó mi atención fue la postura del chico. Su cuerpo. Algo estaba pasando ahí, por lo cual su cuerpo me mostraba una rigidez antinatural.

¿Por qué esto llama la atención, específicamente la actitud del chico? Porque cuando aparece una persona en escena (cualquier escena de la vida), lo natural, es que la gente se de vuelta para verla, el cuerpo, de manera natural vira hacia donde aparece esa energía. Es un acto reflejo. Como cuando aparece alguien a tu costado, giras para ver quién es. Por otro lado, en una conversación como esa, la persona que no participa activamente hablando, lo natural es que mire a las dos personas que están hablando, y su postura se adapte a la situación, es decir, se abra para dar lugar a la ronda. También es un acto reflejo. Por otro lado, cuando una persona pasa por detrás nuestro rodeándonos, lo natural es que nuestra cabeza o nuestro cuerpo de vuelta hacia el lado en que se mueve la otra persona. También es un acto reflejo. Te diría que es casi magnético.

Todo esto no sucede cuando uno se obliga a no hacerlo. O sea, cuando actúas de manera antinatural. Lo antinatural es forzado y absolutamente consciente.

La chica 2 habla con la chica 1 pero también lo mira a él haciéndolo partícipe de la conversación, por eso ve que él ni la registra. Él sigue mirando únicamente a la chica 1. Ahí, parado, rígido como un bloque de hielo y la frialdad también genera tensión.

Podemos sacar muchas reflexiones sobre esto. Pero en este caso, no conocemos el antes de esta situación. No conocemos la historia, nos limitamos solamente a ver que allí está pasando algo, y ese algo nos deja una sensación de aparente indiferencia de una parte hacia otra. O no. Que esa supuesta indiferencia, en realidad sea la muestra más fiel de su contrario.

Las posibilidades pueden ser infinitas. Pero lo que quiero mostrarte abiertamente, es que el cuerpo habla. No puedo determinar los motivos que tiene cada persona para actuar de esa manera. Pero en mi necesidad de ser transparente con todo el que me rodea, para mi es importante mostrar que puedo ver estas cosas. Hay personas que están entrenadas para esto, como yo, pero no lo dicen, sería muy fácil para mi callarme la boca y utilizar esto para mi propio beneficio. Pero yo prefiero ser yo misma. Prefiero mostrar lo que posiblemente llegue a no gustar y que el otro elija porque esto es parte de mí.

En mi vida he visto actitudes con las que me he muerto de ternura, actitudes que enamoran, y en esos momentos me permito actuar el papel de ingenua, porque siento que ponerlas en evidencia es poner en evidencia al otro y eso puede cohibir la belleza que esconden esos actos tan nobles, detalles que para mí son invaluables. Pero, así como puedo percibir actitudes preciosas, esto también me permite ver actitudes que no tienen desde mi punto de vista, nada de nobles ni lindas, y en esos momentos, aparece mi naturaleza implacable.

Vos me dirás que me la paso analizando los movimientos de cada persona jajaja, eso sería imposible… no, en la vida real, estas percepciones me pasan en pocos segundos, pero quedan en mi memoria, porque lógicamente, en algunos casos, esas percepciones movilizan algo dentro mío. Pero también sé que el desarrollo de esta habilidad, me lo dio estudiar actuación. En el escenario teatral también necesitamos ser reales. No actuar. Necesitamos que nuestros movimientos no se vean forzados. Por eso hay que ser natural. Entonces la pregunta sería ¿cómo se hace para actuar? No actúes. No lo necesitas. Esa es la naturaleza de la actuación. No necesito actuar arriba del escenario, porque no soy yo la que está allí. Es el personaje que he creado desde mi rol de actriz. Y un personaje bien construido, es ese al que cuando ves como espectador, te hace decir por ejemplo “sentí que estabas siendo vos”.

Como estos ejemplos tengo muchos. Vos, yo y todos hemos pasado por esto en algunos momentos de nuestra vida. Estoy segura de que sabés a lo que me refiero. A veces me doy cuenta en un segundo, a veces pasa el tiempo y algo hace que me acuerde de alguna situación y lo descubro, y otras veces pasa de largo. Pero a veces detesto tener desarrollada esa capacidad, porque no te das una idea lo que duele darse cuenta cuando la gente siente la necesidad de mentirme y/o esconderse de mí. Intento desarrollar cada vez más, apertura mental necesaria, para que la gente pueda ser como es, ser libre en mi presencia, para no tener que pasar por estas situaciones. Pero, por otro lado, tuve que aprender a los golpes, que no todo el mundo puede ser libre consigo mismo, menos lo será conmigo. La libertad también comprende la elección de ser antinatural. No todo el mundo puede abrirse y abrir su corazón tal fácilmente como lo abro yo, no todo el mundo puede exponerse como lo hago yo. No todo el mundo puede expresarse como lo hago yo. No todo el mundo puede enfrentarse a sus miedos y aún con ellos poner el pecho y tomar la decisión de dar un segundo paso o un tercero (el primero es la decisión). Por eso una vez te comenté que el riesgo más grande que uno puede correr en esta vida, desde mi punto de vista, quizás sea mostrarse tal cual uno es.

En ese sentido, me siento una privilegiada, porque eso es lo que me permite caminar tan liviana. Pero también es cierto, que he desarrollado mucho y lo sigo haciendo, la inteligencia emocional y eso me permite comprender y tomarme la vida entera desde otro ángulo.

También me permite comprender. Comprender los tiempos y las decisiones de cada uno. Las circunstancias, las razones por las cuales cada uno es como puede, pero también como quiere ser y actuar en la vida y hay que respetarlo.

Yo comprendí, que aquella vez que dije que no tenía hambre, por vergüenza, por orgullo, me estaba perdiendo de aprender muchas cosas, entre ellas, en ese momento en particular, es que permitir que la gente te ayude es parte de ayudarse a uno mismo, y eso no es vergonzoso. Sentimos vergüenza de lo que la sociedad dictaminaba como algo despreciable. ¿Acaso sentir hambre te hace despreciable? ¿Acaso ser pobre te convierte en despreciable? No tener un mango tampoco es motivo de vergüenza, el problema había sido que nos criaron para creer que sí. “uno es lo que tiene en el bolsillo”. Crecimos en una sociedad que nos dijo que si alguien te gusta, lo tenes que ignorar, hacerte la interesante ¿es que acaso así empezamos con toda esta cuestión de que si la flaca te dice que no, en realidad es un sí? ¡A cuántas aberraciones nos han llevado estas percepciones de la realidad!?

¡Necesitamos deconstruir! Y mi manera de hacerlo es siendo natural, siendo yo misma, decido desnudar mi alma antes que mi cuerpo, porque si mi cuerpo se enferma, no tendré otro en donde depositarme. Si dejo entrar en mi cuerpo a cualquier virus que ande dando vueltas, mi cuerpo es el que terminará pagando las consecuencias. Ya lo he vivenciado. Yo cuido mi cuerpo cuidando mi alma. Cuido mi cuerpo tomándome mis tiempos para dialogar con el contenido que el otro traiga. Y si siento que mis herramientas pueden dialogar con sus cuestiones, pues bienvenido será entonces. La época en que sólo la química gobernaba mis acciones, quedó transmutada en una medida más equilibrada.

Desnudando el alma le doy la oportunidad al otro de que sepa con qué se va a encontrar si decide quedarse a merendar o a cenar, o a compartir la vida, de la manera que sea. A mí también me gusta que me den esa oportunidad.

Para ejercer mi rol de actriz tengo mil escenarios y todos los personajes con los que quiera jugar, pero arriba de una tabla teatral. Abajo soy yo y mi política es mostrarme tal cual soy, sin vergüenza de mis virtudes ni mis demoños, porque, aunque a veces hay cosas que me hacen sonrojar, ya no me da más vergüenza desnudarme, porque siendo yo misma me convierto en una persona confiable para mí y para el resto, me convierto en un ser que si te tiene que mandar a freír churros al puerto, no me va a temblar ni un pelo, pero lo importante de esto, es que me vas a creer, y de la misma manera, cuando te muestre mi afecto. Que mi Sí, significa Sí y mi No es un No. Que cuando digo tengo hambre, es porque tengo hambre. Y cuando me atreví a decir que tenía hambre, también me animé a decir no tengo un mango y luego me animé a decir tengo miedo y más adelante me animé a decir te quiero. Y un día me reinventé y comencé a decir soy valiente y otro día comencé a decir tengo lo que quiero, y otro día comencé a repetir soy abundante y otro día agradecí por estar llena. Y así comencé a cambiar mi diccionario, a decretar mis realidades y todo lo que quiero para mí propio bienestar y crecimiento.

Si hay algo que aprendí, es a no volver a mentirme a mí misma. No esconderme de mí misma. Y que negar lo que siento, no solamente lo incrementa, sino que, aunque yo no dé cuenta, lo evidencia la energía de mi cuerpo y eso igual me dejará expuesta. Y tengo muchas cosas que a la gente puede no gustarle, no estar de acuerdo, pero muchas veces no es quien soy lo que molesta, sino lo que represento, y muchas veces represento lo que algunos no pueden lograr, represento tal vez, un desafío que quieren o no tomar, represento lo que quieren o no encontrar en sí mismos, represento los viejos fantasmas que pululan, pero solo es una representación, porque yo, Romina, no soy nada de eso.

Esto es lo que soy y no pretendo cambiar nada que no sienta yo misma que necesite cambiar. Y de la misma manera me permito amar al resto.

Durante siglos hemos despotricado que vivir es difícil, y vuelvo a una frase que decía un maestro que no recuerdo el nombre, pero lo leí en alguno de los tantos libros de Anthony De Mello, cuando un estudiante le pregunta al maestro que estaba a punto de morir ¿maestro la vida es fácil o difícil? Y el maestro le responde “si la haces fácil, es fácil, si la haces difícil, es difícil. Entiendo que, en la sociedad actual, esto no se puede aplicar en todos los contextos por la terrible desigualdad en la que vivimos. Pero nosotros, que tenemos remos para darle con todo a la canoa y permitirnos ser y fluir con lo que somos y vivimos, y tenemos las herramientas para construir nuestro propio mundo, nosotros sí podemos. Lo que necesitamos es actuar, pero en el sentido de tomar acción.

Y en eso estamos…

He aquí alguno de mis enfrentamientos…

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