DEBATE

Mi yo: Romi, vení, sentate un segundo, ¿es que no te podes quedar quieta!? Necesitamos hablar.

Mi otro yo: bueno, bueno, déjame terminar esta pared y hablamos.

(TERMINA DE PINTAR Y SE SIENTA)

Mi otro yo: ¡Listo! ¿qué pasa?

Mi yo: amor necesito contarte que me pasa con esta historia. Para que me entiendas. Hoy no es una buena noche. Hoy estoy sintiendo que mi alma está buscando una retirada de esa tierra.

Mi otro yo: ¡¿Qué?! Pero ¿Por qué? ¡Justo ahora que descubrimos algo hermoso!

Mi yo: es que hoy siento que no era a nosotras a quienes le hablaba. Estoy teniendo una gran lucha interna y estas cosas suceden cuando llega el momento de tomar decisiones. Siento que tenemos tanto amor dentro nuestro que si no lo entregamos vamos a morir ahogadas.

Mi otro yo: Te entiendo, te juro que te entiendo, pero piensa: ¿a quién se lo entregaríamos si no nos hemos abierto a otra posibilidad?

Mi yo: Ese es un buen punto, pero vos sabés muy bien, que sería cuestión de empezar a mirar a nuestro alrededor e intentar.

Mi otro yo: A ver… decime ¿por qué crees que tendríamos que hacer eso? ¿Qué te llevó a dudar?

Mi yo: es que nosotras le dijimos al universo que ya estábamos listas para que nos mande alguien a quien amar. Pero olvidamos especificarle que es necesario que ese alguien estuviese preparado, que nos ame lo suficiente como para no dudar en accionar. Y es cierto que hace muy poco descubrimos lo que nos pasa con él. Es cierto. Pero el tiempo no espera por nadie, y una cosa fue observarlo desde el trono, pero otra cosa muy distinta, es sentarnos a esperar. ¿Esperar qué? ¡Ni siquiera tenemos la certeza de que nos está hablando a nosotras!

Mi otro yo: Yo sí, yo lo puedo sentir, yo puedo percibir su presencia y sus caricias, puedo escucharlo y sentir cuando está de mal humor, cuando está abrumado, cuando quiere tenernos cerca y cuando no…

Mi yo: Yo hoy siento su ausencia y se está haciendo muy doloroso porque no la acepto. Esta noche no la acepto. Esta noche lo quiero acá. Y tampoco podemos esperar para vivir, porque la vida se nos va. Ya no somos adolescentes, no tenemos tiempo para sentarnos a esperar, aunque sigamos haciendo nuestras cosas como siempre.

Mi otro yo: Es que hoy no lo ves, pero nunca hemos esperado a nadie. No se trató de esperar. Nosotras disfrutamos de cada momento en que su perfume pasa por acá. Tenemos una vida ocupada, quehaceres, disfrute de placeres compartidos con amistad. Tenemos familia y momentos a solas para plasmar en libertad. Tenemos una vida linda, con y sin él. Entiendo a lo que te refieres, claro que lo entiendo. Pero dime la verdad: ¿te imaginas una vida en la que él no esté?

Mi yo: hasta ahora no me lo había tenido que preguntar. Pero viste cómo es él, hasta en esto nos sigue enseñando. Él mismo nos ha incitado a seguir buscando. ¿Entonces?, ¿Para qué seguir acá?

Vos sabes muy bien que, si tomamos la decisión de irnos por otro camino, ya no miraremos hacia atrás. Nunca lo hemos hecho.

Esta noche quiero oler su perfume, jugar con ese rulo que le cae en el cachete, esta noche quiero contarle mis proyectos y quiero que nos abrace mientras, sentados en el sillón, debatimos sobre una serie. Esta noche quiero mirarlo a los ojos y que nos pelee. No lo puedo evitar. Esta noche su ausencia me duele.

Yo sé que no podemos pedirle lo que no puede dar. No conocemos la realidad de sus circunstancias, ni menos, ni más. No voy a persuadirle de apurar los procesos que no esté listo para cerrar. No sería yo si lo intentara. Ni sería sano para nadie.

Esta noche mi corazón siente la necesidad de despedirse. No voy a hacer absolutamente nada para motivar su accionar. Si no sale de él, será porque no está, o no es para nosotras. Hasta hoy le dijimos mil veces que estábamos acá. Pero hoy solo pienso en que tal vez, allá afuera, puede haber otra persona que esté dispuesta y preparada para compartir la vida con nosotras.

Mi otro yo: cálmate mi vida, cálmate… entiendo que estés comenzando a cansarte, y la necesidad que tenemos de mirarlo, de acariciarlo, de pasar momentos junto a él. Pero, justamente en estos momentos, es donde más cuidado debemos tener para no tomar decisiones que en un futuro puedan hacernos daño. Mejor vayamos a dormir que mañana será otro día.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *